En medio de la crisis mundial llega una buena noticia, en la carrera global de ser la economía más competitiva del mundo el Perú se adelantó cinco posiciones este último año. El Perú esta vez está en el puesto 78 entre un total de 134 economías, el año pasado éramos puesto 83. Curiosamente nuestros lastres más grandes son también los puntos en los que más hemos avanzado en el último año. El Perú es menos competitivo que muchas economías porque tiene instituciones débiles, todavía le falta infraestructura e innova muy poco. Las tres cosas no se pueden resolver con un decreto, con un ministro motivado o con un Congreso despabilado. Son objetivos de largo plazo que nos exigen algo que muchas veces nos cuesta más de la cuenta como país: persistir en buenas políticas a pesar de las encuestas, y apostar por ellas aunque los logros de dichas políticas los veremos cuando pasen los años en lugar de apuntar a aquello que podemos inaugurar antes de terminar el mandato.
Estos años el Perú parece que ha entendido el mensaje y ha trabajado consistentemente en algunas de estas políticas que nos fuerzan a ser más competitivos. Ejemplo de ello es la decidida política de apertura comercial que se viene siguiendo hace varios años. Persistir en ello en lugar de esconder nuestras debilidades las hace más visibles. Se vuelve obvio que nuestros puertos no estaban listos, que nuestra carretera central no sería suficiente, inclusive que faltaban profesionales y técnicos dedicados a temas relacionados con la minería, etc.
Del mismo modo, se ha iniciado un proceso de reforma de la educación pública que también tardará años en dar frutos, pero que requiere insistir, resistir, no aflojar hasta que ese estándar que pedimos sea cada vez más alto. Es increíble pero hoy nos damos por satisfechos si los muchachos que terminan el colegio pueden hacer las operaciones matemáticas básicas y entender un texto.
El MEF acaba de poner como centro de su atención la búsqueda de mejorar nuestra ubicación en este ranking. Este esfuerzo en los dos años que le quedan al gobierno será insuficiente si luego no seguimos empujando en la misma dirección.
Tuesday, September 08, 2009
Impuesto a los gordos (capitales)
Publicado por
Eduardo Morón
Debo reconocer que estoy perdiendo la batalla contra la balanza y cada intento nuevo se estrella contra la imparable aguja que tercamente insiste en señalar que esta semana peso más que la anterior. Pero esa no es la razón para pensar en un impuesto a los gordos. En una de las últimas ediciones del semanario The Economist se discute la idea de los impuestos inspirados en A.C. Pigou. Este célebre economista inglés del siglo pasado se hizo famoso por proponer que los problemas que la presencia de externalidades ocasionan en la sociedad se pueden corregir a través de impuestos. A esos impuestos los economistas los llamamos impuestos Pigovianos.
Pongamos un ejemplo sencillo para entender esto. Fumar mata, no sólo al que lo hace sino que el humo del cigarrillo mata a los que están cerca de quien fuma. Los mata en el sentido que les eleva la probabilidad de morir por cáncer al pulmón. El tipo que prende un cigarrillo no está pensando en los demás y por eso en todo el mundo hay impuestos selectivos a los cigarrillos para intentar disminuir su consumo. El costo de la externalidad (el humo de segunda mano) debería ser asumida (internalizarse, diríamos los economistas) por la persona que fuma a través de hacerle más caro fumar.
Como eso no ha funcionado, se ha optado en muchos lugares por simplemente prohibir el consumo en lugares públicos lo cual sin duda es una restricción mucho mayor que apunta a evitar el consumo de algo que se considera malo. Digamos que la tasa de impuesto se ha hecho prohibitivamente alta en los lugares públicos y casi todos (aunque siempre hay frescos) cumplen con dicha disposición.
En muchos países se está empezando a discutir formas alternativas de ponerle un impuesto a los gordos, mejor dicho a la obesidad mórbida. La razón es que los problemas de salud que acarrean este tipo de personas representan un costo muy alto para la sociedad. Esto era pasable cuando unos pocos pesaban más de 100 kilos pero ahora un tercio de los norteamericanos son obesos.
Pero dejemos en paz a los gordos y sus problemas, porque en realidad que quería hablar del impuesto a los (gordos) retornos de los capitales que ha regresado al debate nacional. Al inicio del gobierno se legisló sin reglamento con la justificación de que todo tipo de ingresos deben ser gravados sin importar la fuente. Es decir, rentas del trabajo y del capital deberían ambas pagar impuestos. Pero no se tomó en cuenta que un impuesto desalienta la actividad financiera que es una externalidad en este caso positiva para aquellos que no necesariamente pueden ahorrar pero que si necesitan recursos para sus decisiones de inversión y consumo. Es decir, estaríamos desincentivando una actividad que a diferencia del humo del cigarro o la obesidad mórbida si es buena para la sociedad. ¿Usted que opina, promovemos o desincentivamos el crecimiento de nuestro sistema financiero?
Publicado en El Comercio, 29 Setiembre 2009
Pongamos un ejemplo sencillo para entender esto. Fumar mata, no sólo al que lo hace sino que el humo del cigarrillo mata a los que están cerca de quien fuma. Los mata en el sentido que les eleva la probabilidad de morir por cáncer al pulmón. El tipo que prende un cigarrillo no está pensando en los demás y por eso en todo el mundo hay impuestos selectivos a los cigarrillos para intentar disminuir su consumo. El costo de la externalidad (el humo de segunda mano) debería ser asumida (internalizarse, diríamos los economistas) por la persona que fuma a través de hacerle más caro fumar.
Como eso no ha funcionado, se ha optado en muchos lugares por simplemente prohibir el consumo en lugares públicos lo cual sin duda es una restricción mucho mayor que apunta a evitar el consumo de algo que se considera malo. Digamos que la tasa de impuesto se ha hecho prohibitivamente alta en los lugares públicos y casi todos (aunque siempre hay frescos) cumplen con dicha disposición.
En muchos países se está empezando a discutir formas alternativas de ponerle un impuesto a los gordos, mejor dicho a la obesidad mórbida. La razón es que los problemas de salud que acarrean este tipo de personas representan un costo muy alto para la sociedad. Esto era pasable cuando unos pocos pesaban más de 100 kilos pero ahora un tercio de los norteamericanos son obesos.
Pero dejemos en paz a los gordos y sus problemas, porque en realidad que quería hablar del impuesto a los (gordos) retornos de los capitales que ha regresado al debate nacional. Al inicio del gobierno se legisló sin reglamento con la justificación de que todo tipo de ingresos deben ser gravados sin importar la fuente. Es decir, rentas del trabajo y del capital deberían ambas pagar impuestos. Pero no se tomó en cuenta que un impuesto desalienta la actividad financiera que es una externalidad en este caso positiva para aquellos que no necesariamente pueden ahorrar pero que si necesitan recursos para sus decisiones de inversión y consumo. Es decir, estaríamos desincentivando una actividad que a diferencia del humo del cigarro o la obesidad mórbida si es buena para la sociedad. ¿Usted que opina, promovemos o desincentivamos el crecimiento de nuestro sistema financiero?
Publicado en El Comercio, 29 Setiembre 2009
Wednesday, August 05, 2009
¡Hazlo tú!, si puedes
Publicado por
Eduardo Morón
Estoy aburrido de escuchar que el sector público es lento y que la inversión pública no crece como debía hacerlo. La verdad es que se escuchan cosas que son ciertas y también varios disparates. Pero el más notable de todos lo escuché el otro día antes de entrar a una entrevista en la TV. Un ilustre analista me dijo (y hay testigo) que la inversión privada se había desacelerado este año fundamentalmente por que el sector público había sido incapaz de acelerar más su gasto y así impedir la desaceleración de la economía peruana. Para este analista no interesaba que el mundo entero está en recesión. El insistió que la señal de desaceleración de la actividad pública había sido el detonante del desánimo en las decisiones de inversión privadas.
Hoy el Perú tiene ahorros acumulados y acceso al crédito y eso permite poder gastar cuando nuestros ingresos se desploman. Es cierto que al sector público le cuesta ser flexible. Podríamos por ejemplo, relajar ciertos parámetros para que las distintas entidades del sector público pudieran pagar mejor a aquellos puestos necesarios para gerenciar los mayores presupuestos que hoy manejan.
Pero también es cierto que el gobierno viene gastando mucho más que el año pasado a pesar que los ingresos fiscales se vienen cayendo. A junio, los ingresos son menores en casi 5 mil millones de soles. Eso representa una caída de casi el 18 por ciento respecto al año pasado. Muchos hablan de los montos que tenemos ahorrados pero no de cuanto se va a dejar de recibir. Déjenme poner algunas cifras que pensé que el Presidente utilizaría en su discurso pero no lo hizo. Se dice que se está gastando poco. Si comparamos los gastos (hasta fin de julio) del 2009 con los del 2008 veremos que eso no es cierto. Los gobiernos locales y los regionales han gastado 17% más, y el gobierno nacional 42% más que el año pasado.
Además, a pesar de tener mayores presupuestos los niveles de ejecución (hasta fin de julio) son en todos los casos mayores que los del año pasado. El gobierno nacional pasó de ejecutar el 24.7% a ejecutar el 26.8% . Los gobiernos regionales de 19.7% a 22.1%. Los gobiernos locales aumentaron su nivel de ejecución de 24.2% a 29.3%.
Por supuesto que todo eso es poco para sacar la economía de la desaceleración en la que seguimos (los datos de junio serán aún peores que los que hasta ahora hemos visto). Pero eso no es por ineptitud o incapacidad sino porque sencillamente no hay forma que la inversión pública que pesa menos que 5% del PBI pueda revertir la desaceleración de la inversión privada que es cinco veces más grande. Los inversionistas privados se quejen del supuesto lento avance de la inversión pública pero ellos han decidido por voluntad y beneficio propios no hacer más que lo que hicieron el año pasado. Es fácil pedir que sea otro el que saque la billetera cuando las cosas se complican. ¡Hazlo tú!, si puedes.
Publicado en El Comercio, Agosto 5, 2009
Hoy el Perú tiene ahorros acumulados y acceso al crédito y eso permite poder gastar cuando nuestros ingresos se desploman. Es cierto que al sector público le cuesta ser flexible. Podríamos por ejemplo, relajar ciertos parámetros para que las distintas entidades del sector público pudieran pagar mejor a aquellos puestos necesarios para gerenciar los mayores presupuestos que hoy manejan.
Pero también es cierto que el gobierno viene gastando mucho más que el año pasado a pesar que los ingresos fiscales se vienen cayendo. A junio, los ingresos son menores en casi 5 mil millones de soles. Eso representa una caída de casi el 18 por ciento respecto al año pasado. Muchos hablan de los montos que tenemos ahorrados pero no de cuanto se va a dejar de recibir. Déjenme poner algunas cifras que pensé que el Presidente utilizaría en su discurso pero no lo hizo. Se dice que se está gastando poco. Si comparamos los gastos (hasta fin de julio) del 2009 con los del 2008 veremos que eso no es cierto. Los gobiernos locales y los regionales han gastado 17% más, y el gobierno nacional 42% más que el año pasado.
Además, a pesar de tener mayores presupuestos los niveles de ejecución (hasta fin de julio) son en todos los casos mayores que los del año pasado. El gobierno nacional pasó de ejecutar el 24.7% a ejecutar el 26.8% . Los gobiernos regionales de 19.7% a 22.1%. Los gobiernos locales aumentaron su nivel de ejecución de 24.2% a 29.3%.
Por supuesto que todo eso es poco para sacar la economía de la desaceleración en la que seguimos (los datos de junio serán aún peores que los que hasta ahora hemos visto). Pero eso no es por ineptitud o incapacidad sino porque sencillamente no hay forma que la inversión pública que pesa menos que 5% del PBI pueda revertir la desaceleración de la inversión privada que es cinco veces más grande. Los inversionistas privados se quejen del supuesto lento avance de la inversión pública pero ellos han decidido por voluntad y beneficio propios no hacer más que lo que hicieron el año pasado. Es fácil pedir que sea otro el que saque la billetera cuando las cosas se complican. ¡Hazlo tú!, si puedes.
Publicado en El Comercio, Agosto 5, 2009
Sunday, July 05, 2009
Piñata party
Publicado por
Eduardo Morón
No termino de entender el valor de un primer ministro que ha presentado hace más de una semana una renuncia calificada por el mismo como “prácticamente irrevocable”. Los jefes de gabinete están para eso, para ser jefes de un grupo de ministros. Están para liderar un grupo de trabajo con un horizonte pero con un conjunto mínimo de tareas y algunos objetivos concretos que deberán ser consultados con el propio presidente. Es obvio para todos que esa agenda y ese horizonte que pueden ser muy claros y precisos al inicio de un mandato con el tiempo se hacen más borrosos. Las tareas muy urgentes son las que llenan la agenda y el horizonte muy rápidamente pierde importancia porque deja de ser una variable que uno elija voluntariamente.
Creo que Simon era una persona con buena voluntad pero sin ninguna dirección. Sus cambios de idea podían ser tan abruptos como los de un chofer de combi en hora punta. Su ingreso fue precedido por un escándalo de corrupción. Sin embargo, han pasado casi nueve meses de dicho episodio y lo poco que queda en limpio es que Rómulo León hoy se irá a su casa. ¿Cuál es su mayor logro anticorrupción en estos nueve meses? Nada en concreto. El gabinete Simon no cuajó nunca. Fue un primer ministro fusible, y cual fusible, quemado se va.
Lo más complicado de su legado es que el final de su gestión ha pasado de conducir el país a ser el centro de una suerte de piñata party. Todos hacen fila para azotar al gobierno para ver cuantos premios pueden recolectar para ellos. Luego de varios hijos y varias fiestas infantiles todos sabemos que este tipo de fiestas no terminan bien. La piñata se termina por romper y queda en el suelo con destino al basurero y la fiesta nunca complace a todos. Algunos quedan con la sangre en el ojo viendo lo que el resto consiguió por golpear más certeramente y otros simplemente no saben decir basta.
El gobierno tiene dos largos años por delante donde el escenario internacional no proveerá buenas noticias como lo hizo en los dos primeros. Al contrario será una fuente de preocupación y tensión porque el empleo no abundará. Del mismo modo, serán años de menores ingresos fiscales y mayores angustias empresariales.
Esta semana toca cambio de gabinete. El próximo deberá marcar su agenda con prisa si no quiere ser visto como la nueva piñata a quien azotar. Temas abundan, pero si me preguntaran por uno en que la oposición puede quedar atrapada entre la demagogia y la presión popular es la reforma de los programas sociales. Empiecen instaurando un patrón único de beneficiarios para todos los programas. El tema no puede bloquearse sin quedar mal parado ante la opinión pública y los resultados pueden verse antes de que el primero de la fila agite amenazante su mazo hacia la piñata.
Publicado en El Comercio Julio 6, 2009
Creo que Simon era una persona con buena voluntad pero sin ninguna dirección. Sus cambios de idea podían ser tan abruptos como los de un chofer de combi en hora punta. Su ingreso fue precedido por un escándalo de corrupción. Sin embargo, han pasado casi nueve meses de dicho episodio y lo poco que queda en limpio es que Rómulo León hoy se irá a su casa. ¿Cuál es su mayor logro anticorrupción en estos nueve meses? Nada en concreto. El gabinete Simon no cuajó nunca. Fue un primer ministro fusible, y cual fusible, quemado se va.
Lo más complicado de su legado es que el final de su gestión ha pasado de conducir el país a ser el centro de una suerte de piñata party. Todos hacen fila para azotar al gobierno para ver cuantos premios pueden recolectar para ellos. Luego de varios hijos y varias fiestas infantiles todos sabemos que este tipo de fiestas no terminan bien. La piñata se termina por romper y queda en el suelo con destino al basurero y la fiesta nunca complace a todos. Algunos quedan con la sangre en el ojo viendo lo que el resto consiguió por golpear más certeramente y otros simplemente no saben decir basta.
El gobierno tiene dos largos años por delante donde el escenario internacional no proveerá buenas noticias como lo hizo en los dos primeros. Al contrario será una fuente de preocupación y tensión porque el empleo no abundará. Del mismo modo, serán años de menores ingresos fiscales y mayores angustias empresariales.
Esta semana toca cambio de gabinete. El próximo deberá marcar su agenda con prisa si no quiere ser visto como la nueva piñata a quien azotar. Temas abundan, pero si me preguntaran por uno en que la oposición puede quedar atrapada entre la demagogia y la presión popular es la reforma de los programas sociales. Empiecen instaurando un patrón único de beneficiarios para todos los programas. El tema no puede bloquearse sin quedar mal parado ante la opinión pública y los resultados pueden verse antes de que el primero de la fila agite amenazante su mazo hacia la piñata.
Publicado en El Comercio Julio 6, 2009
Sunday, June 07, 2009
Políticas contracíclicas en el Perú
Publicado por
Eduardo Morón
Hasta hace unos años nadie hablaba de economías emergentes. Se utilizaba la expresión países menos desarrollados que era una forma menos directa de decir que el ciudadano promedio de dichos países era pobre. Pero en dicha categoría caían los países en desarrollo que les iba bien y también los que le iba mal. Para marcar la diferencia se empezó a utilizar el término “economía emergente”, entendiendo que eran economías que empezaban su proceso de despegue económico. El Perú hoy es un país emergente. La crisis global ha puesto a todos los emergentes contra las cuerdas y le pregunta ahora es si los emergentes podrán resistir la crisis o serán un país en desarrollo más.
El Perú como el resto de países de la región soportó todas las crisis financieras internacionales pasadas en clara posición de desventaja. En cada una de estas crisis la demanda externa se desplomó pero sobre todo aumentó mucho el costo del servicio de la deuda y los mercados internacionales de financiamiento se cerraban. Las crisis externas se volvían crisis cambiarias, bancarias y fiscales. Todo esto llevaba a que la duración de la crisis fuera mucho más larga y que la recuperación fuera una lenta convalecencia.
Durante los últimos veinte años el Perú ha luchado por avanzar en tener capacidad de adoptar políticas contracíclicas tanto fiscales como monetarias. Por un lado, se necesitaba hacer más independiente la política monetaria a pesar de estar más integrado a los mercados mundiales de capitales. El BCRP debe ser capaz de mover su tasa de interés de referencia cuando hiciera falta sin preocuparse porque se abra un diferencial entre esta tasa y la tasa de referencia de la Reserva Federal que promueva un desajuste en el mercado cambiario. Para que esa preocupación exista se necesita un menor nivel de dolarización financiera, mejores prácticas regulatorias en materia de riesgo cambiario y crediticio y fomentar el dinamismo de un mercado de coberturas cambiarias.
De otro lado, para que el MEF pueda hacer política contracíclica se necesita generar ahorros en los tiempos buenos para gastarlos en los tiempos malos. Esto no ha sido así. Lo que ha sucedido es que los tiempos han sido extraordinariamente buenos y eso ha permitido a la vez ser fiscalmente imprudente (gastar más de la cuenta cuando no hacía falta) y reducir el nivel de deuda de casi 50% a casi 20% del PBI. Esto, unido a la incapacidad de gasto de los gobiernos subnacionales, permitió tener mejores resultados fiscales que lo que realmente se tenía previsto. Pero a diferencia de lo que sucede en materia monetaria, en el lado fiscal no existen mecanismos automáticos para poner en funcionamiento la política contracíclica. Se han requerido una lluvia de decretos de urgencia para flexibilizar reglas y parámetros con el fin de aumentar el ritmo de ejecución del gasto fiscal.
No hay duda que hoy tenemos espacio para hacer políticas contracíclicas. A diferencia de lo que muchos creen, este espacio no es muy amplio; y por lo tanto, el crecimiento de la economía peruana seguirá dependiendo más de la reactivación económica mundial que la capacidad de maniobra local.
Publicado en revista de la Universidad del Centro, Agosto 2009
El Perú como el resto de países de la región soportó todas las crisis financieras internacionales pasadas en clara posición de desventaja. En cada una de estas crisis la demanda externa se desplomó pero sobre todo aumentó mucho el costo del servicio de la deuda y los mercados internacionales de financiamiento se cerraban. Las crisis externas se volvían crisis cambiarias, bancarias y fiscales. Todo esto llevaba a que la duración de la crisis fuera mucho más larga y que la recuperación fuera una lenta convalecencia.
Durante los últimos veinte años el Perú ha luchado por avanzar en tener capacidad de adoptar políticas contracíclicas tanto fiscales como monetarias. Por un lado, se necesitaba hacer más independiente la política monetaria a pesar de estar más integrado a los mercados mundiales de capitales. El BCRP debe ser capaz de mover su tasa de interés de referencia cuando hiciera falta sin preocuparse porque se abra un diferencial entre esta tasa y la tasa de referencia de la Reserva Federal que promueva un desajuste en el mercado cambiario. Para que esa preocupación exista se necesita un menor nivel de dolarización financiera, mejores prácticas regulatorias en materia de riesgo cambiario y crediticio y fomentar el dinamismo de un mercado de coberturas cambiarias.
De otro lado, para que el MEF pueda hacer política contracíclica se necesita generar ahorros en los tiempos buenos para gastarlos en los tiempos malos. Esto no ha sido así. Lo que ha sucedido es que los tiempos han sido extraordinariamente buenos y eso ha permitido a la vez ser fiscalmente imprudente (gastar más de la cuenta cuando no hacía falta) y reducir el nivel de deuda de casi 50% a casi 20% del PBI. Esto, unido a la incapacidad de gasto de los gobiernos subnacionales, permitió tener mejores resultados fiscales que lo que realmente se tenía previsto. Pero a diferencia de lo que sucede en materia monetaria, en el lado fiscal no existen mecanismos automáticos para poner en funcionamiento la política contracíclica. Se han requerido una lluvia de decretos de urgencia para flexibilizar reglas y parámetros con el fin de aumentar el ritmo de ejecución del gasto fiscal.
No hay duda que hoy tenemos espacio para hacer políticas contracíclicas. A diferencia de lo que muchos creen, este espacio no es muy amplio; y por lo tanto, el crecimiento de la economía peruana seguirá dependiendo más de la reactivación económica mundial que la capacidad de maniobra local.
Publicado en revista de la Universidad del Centro, Agosto 2009
Saturday, June 06, 2009
En el dolor, (también) cobramos: Las AFP en debate
Publicado por
Eduardo Morón
Dicen que lo único peor que perder dinero es pagar para que eso nos suceda. Esta frase resume el sentimiento de mucha gente hacia las AFP por su pobre actuación durante el 2008. Nosotros los afiliados les pagamos a alguna de estas cuatro empresas para que administren nuestros fondos para que luego tengamos una jubilación más tranquila. Si miramos las cifras del 2008 las cosas son de terror. Si fuimos de los que les gusta el riesgo y soñar con altas rentabilidades (fondo 3) a Diciembre del 2008 habíamos perdido 41.7% del valor de nuestro fondo en ese año. Si somos de los que ya peinamos canas pero todavía podemos correr sin pedir auxilio a paramédicos (fondo 2) la pérdida fue de 26.7%, y si somos de los que ya estamos próximos a la jubilación (fondo 1) la pérdida fue de 10.2%. Estas son las rentabilidades reales anuales, es decir, netas de la inflación. No quiero ni empezar a hacer cuentas de cuánto se cobró para merecer esto.
Pero el punto de este artículo es que basados en el razonamiento del párrafo anterior algunos han empezado a sugerir algunas soluciones que son desafortunadas. Una primera idea –aunque en realidad es reciclada- desde Plaza Bolívar es ponerle un tope máximo a las comisiones que cobran las AFP. ¡Gran solución! De esta manera los dueños de las AFP no podrán ganar tanto dinero. Para empezar, ¿acaso tiene sentido limitar cuanto dinero pueden hacer las empresas privadas? No creo. En segundo lugar, sabemos perfectamente que cada vez que ponemos un precio máximo generamos un montón de problemas al costado de esa solución tan creativa. Para empezar, la empresa puede empezar a cobrar por ofrecernos cualquier servicio que antes no pagábamos, es decir, cobrarnos por todo aquello que antes incluía dentro del paquete por el que pagábamos una sola vez. Talvez los congresistas no han leído la Constitución, la cual impide aprobar normas de control de precios.
La segunda idea es cobrarle a los dueños de las AFP cuando obtengan pérdidas manejando los fondos de pensiones de los afiliados. La intención es buena pues se ponen en línea los intereses de los afiliados con los de los dueños de las AFP. Si hay pérdidas a ambos les duele y ambos pagan. Lo que me parece poco apropiado es que este esquema sea para los 3 tipos de fondos que hoy las AFP ofrecen a sus afiliados. La SBS viene promoviendo –hasta ahora sin éxito- la idea del fondo cero, la cual creo que no tiene mayor utilidad.
Lo que tendría que suceder es que el fondo uno, que se llama de mantenimiento del capital no debería jamás tener una pérdida de capital. Las AFP deberían ofrecer cubrir patrimonialmente esas pérdidas porque no se puede vender algo con la promesa que no vas a perder el capital para luego decir que lamentablemente las condiciones de mercado no permitieron evitar esa situación. Me parece que el compromiso de las AFP debe ser patrimonial pero debe estar limitado a este conjunto de afiliados, aquellos que no tendrán más años para ver recuperar el valor de sus ahorros. En ese sentido, la propuesta actual de la SBS de compartir riesgos y ganancias entre las AFP y todos sus afiliados me parece inadecuada. Esos afiliados en los fondos 2 y 3 que ayer se estaban quejando, hoy están calladitos viendo que la BVL ha ganado más de 100 por ciento en lo que va del año.
Publicado en Negocios Internacionales, COMEXPERU, Junio 2009
Pero el punto de este artículo es que basados en el razonamiento del párrafo anterior algunos han empezado a sugerir algunas soluciones que son desafortunadas. Una primera idea –aunque en realidad es reciclada- desde Plaza Bolívar es ponerle un tope máximo a las comisiones que cobran las AFP. ¡Gran solución! De esta manera los dueños de las AFP no podrán ganar tanto dinero. Para empezar, ¿acaso tiene sentido limitar cuanto dinero pueden hacer las empresas privadas? No creo. En segundo lugar, sabemos perfectamente que cada vez que ponemos un precio máximo generamos un montón de problemas al costado de esa solución tan creativa. Para empezar, la empresa puede empezar a cobrar por ofrecernos cualquier servicio que antes no pagábamos, es decir, cobrarnos por todo aquello que antes incluía dentro del paquete por el que pagábamos una sola vez. Talvez los congresistas no han leído la Constitución, la cual impide aprobar normas de control de precios.
La segunda idea es cobrarle a los dueños de las AFP cuando obtengan pérdidas manejando los fondos de pensiones de los afiliados. La intención es buena pues se ponen en línea los intereses de los afiliados con los de los dueños de las AFP. Si hay pérdidas a ambos les duele y ambos pagan. Lo que me parece poco apropiado es que este esquema sea para los 3 tipos de fondos que hoy las AFP ofrecen a sus afiliados. La SBS viene promoviendo –hasta ahora sin éxito- la idea del fondo cero, la cual creo que no tiene mayor utilidad.
Lo que tendría que suceder es que el fondo uno, que se llama de mantenimiento del capital no debería jamás tener una pérdida de capital. Las AFP deberían ofrecer cubrir patrimonialmente esas pérdidas porque no se puede vender algo con la promesa que no vas a perder el capital para luego decir que lamentablemente las condiciones de mercado no permitieron evitar esa situación. Me parece que el compromiso de las AFP debe ser patrimonial pero debe estar limitado a este conjunto de afiliados, aquellos que no tendrán más años para ver recuperar el valor de sus ahorros. En ese sentido, la propuesta actual de la SBS de compartir riesgos y ganancias entre las AFP y todos sus afiliados me parece inadecuada. Esos afiliados en los fondos 2 y 3 que ayer se estaban quejando, hoy están calladitos viendo que la BVL ha ganado más de 100 por ciento en lo que va del año.
Publicado en Negocios Internacionales, COMEXPERU, Junio 2009
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